domingo, 8 de marzo de 2015

YO MUJER

Él me abrazó tan fuerte que se unieron todas mis partes rotas.
 Me vio sobre su cama, casi desesperanzada, con la flaqueza en la mirada y el miedo en la respiración.
 Él con sus manos tocó una danza casi indescifrada y yo, YO MUJER, me sentí en su regazo como protegida.
 Con su grandeza y su fragilidad admitió la mía también, pero al convertirlo en esencia él fue caballero y yo, YO MUJER.
 Y así tomó la efímera magia del momento y se fue, dejando tras de él también mis esperanzas y los anhelos de ser.
 Fue tan precipitado que no fue un desvío de caminos, como ocurre tantas veces cuando no coinciden los destinos. Fue algo así como desprecio y yo, cada vez,  menos mujer.

Se suicidó una rosa perfectamente diseñada.
 Con su partida el hombre se convirtió en blasfemia contra mi aparente evolución.
 Pecó sin piedad contra natura, y yo, y ¿YO MUJER? No sé si “YO MUJER” ahora.
Su partida fue el detonante de mi rebeldía, la revolución contra los límites ajenos, contra un mal capricho casi generacional.
 Su despedida fue el resonante de mi insistencia enfurecida de objetividad.
 Su desprecio una afirmación, su indiferencia un ventanal evaporado que desató una furia que los años fueron aplacando.
 Y yo, ¿YO MUJER? No sé si YO MUJER ahora.


Prometí un olvido planeadamente acertado para el regreso seguro. Porque tras esas paredes el pasado disolvía las antiguas convicciones. Eran paredes con ventanas pequeñas donde no pasaba el aire pero si la libertad. En ese espejo gigante me sentía acorde al plan natural. El pacto universal que destrozó su trato frío.

Pero más allá del plan, más allá de su interpretación, más allá de mi intención había algo seguro. “YO EXISTO” se escuchó tras un silencio rotundo, tras una cura de sueño.
 Estoy viva, respiro, y YO MUJER por decisión.


(Todas las imágenes son sacadas de Internet).

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