domingo, 7 de agosto de 2016

Atardecer de Domingo


  Esta sensación de melancolía que me caracteriza, creo saber a qué se debe, es la nostalgia por extrañar las cosas humanas, aun sabiendo que después de la caducidad se vuelven eternas.

   El desasosiego de tener la cuasi certeza de que luego de la muerte un abrazo no es igual, la incorporeidad nos hace perder la cabeza, aunque dicen es mejor, se vuela más liviano, quisiera volar leve pero con la misma sensación de un abrazo.
   Y acá estoy, escribiendo estas líneas con la misma impresión, sabiendo que el tiempo corre y que ningún momento vuelve y lamentándome, siendo Domingo, de haberme quedado en casa para descansar del ruido, para disfrutar de esta soledad que tanto me identifica,
¿Por que será que el Domingo siempre trae aparejada esa emoción? ¿Sera que el domingo es como la muerte? Se vive toda una vida los días de semana para descansar al final, sabiendo que mañana habrá un nuevo comienzo por mal que nos pese, por diferente que sea, por desconocido que nos resulte volver a empezar o reposar para siempre. Los atardeceres del séptimo día son los más difíciles, se va la luz del reposo que tanto nos calmo la consciencia. Debe de ser una atribución inconsciente.
   En fin, acá estoy, lamentándome, de no haber pasado el día con la familia, pero es tan contradictoria la necesidad. No existen maquinas de tiempo que permitan poner en acción toda la teoría.
   Ahora estoy haciendo teoría y me lamento. Como me lamente varias veces por la ausencia de lugares cotidianos después de su partida.
  Ese miedo a la cesación ajena que nos deja vacíos, incompletos, que sabemos en cualquier momento nos va a llegar también, profundizando la añoranza.
  Todos se van, y nuevamente aparece la culpa, no sé si llamarla culpa, pero esa sacudida de no haber estado ahí cuando tenía que estar, aunque no me correspondiera, porque estaba ocupada en hacer lo que la corporeidad  mandaba, que no es lo mismo que aquello que me debería de mandar,si es que existe un manual para la culpa, si es que el deber realmente aparece como humanamente se interpreta.
  La contradicción de permanecer es así, siempre sabe a nostalgia vencida. 













(Todas las imágenes son sacadas de Internet).

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