Pirómanos
disfrazados de bomberos, que alimentan el fuego del miedo
religiosos salvadores del poder,
mercaderes del engaño que regatean el precio del bien.
Nos merecemos milagros, que no regateen tu nombre.
No es hostil el escenario, que no te confunda la tevé.
Si, es cierto que esto es obra de teatro, pero no está asignado el papel.
El relojero le teme al tiempo porque cree en el.
Es el motivo del silencio lo ruin de la superficialidad.
Es el motivo del alejamiento el intercambio vacio.
Fútiles vestidos de corderos,
Hostiles predicando la palabra del encierro.
Corazones lastimados por el mensaje de incendio.
¡Arde!
¡Carboniza de rabia y serás blanco perfecto!
Es mejor ser viento.
Aire impersonal.
(Todas las imágenes son sacadas de Internet).
Las almas pueden encontrarse, pueden conversar y la forma más perfecta de que ocurra es dejando los versos pasar...
lunes, 22 de agosto de 2016
domingo, 7 de agosto de 2016
AL OTRO LADO DEL MIEDO
Te estoy
esperando al otro lado del miedo y me estoy esperando también, te estoy
esperando al otro lado del patrón redundado, de la duda, de la idealización…
NOS estoy esperando.
No voy a pedirte lo que aún no me animo a dar, ni voy a mentirme por desconocimiento, ni inventar excusas por la falsa idea del desmerecimiento.
Ser inestable por temor al espejo ahora no es opción.
Todo reflejo presente es repetición, secuela de un pasado punzante o inerte.
Sueño un destello que deje opaco el retrato para ser imagen lejos del rencor, sueño un disparo que despierte el alma dormida de todo aquel que no sabe abrirle la puerta a un afecto noble por cómoda melancolía hacia algún antiguo amor.
NOS estoy esperando.
No voy a pedirte lo que aún no me animo a dar, ni voy a mentirme por desconocimiento, ni inventar excusas por la falsa idea del desmerecimiento.
Ser inestable por temor al espejo ahora no es opción.
Todo reflejo presente es repetición, secuela de un pasado punzante o inerte.
Sueño un destello que deje opaco el retrato para ser imagen lejos del rencor, sueño un disparo que despierte el alma dormida de todo aquel que no sabe abrirle la puerta a un afecto noble por cómoda melancolía hacia algún antiguo amor.
(Todas las imágenes son sacadas de Internet).
Atardecer de Domingo
Esta sensación
de melancolía que me caracteriza, creo saber a qué se debe, es la nostalgia por
extrañar las cosas humanas, aun sabiendo que después de la caducidad se vuelven
eternas.
El desasosiego de tener la cuasi certeza de que luego de la muerte un abrazo
no es igual, la incorporeidad nos hace perder la cabeza, aunque dicen es mejor,
se vuela más liviano, quisiera volar leve pero con la misma sensación de un
abrazo.
Y acá estoy, escribiendo estas líneas con la misma impresión, sabiendo que el tiempo corre y que ningún momento vuelve y lamentándome, siendo Domingo, de haberme quedado en casa para descansar del ruido, para disfrutar de esta soledad que tanto me identifica, ¿Por que será que el Domingo siempre trae aparejada esa emoción? ¿Sera que el domingo es como la muerte? Se vive toda una vida los días de semana para descansar al final, sabiendo que mañana habrá un nuevo comienzo por mal que nos pese, por diferente que sea, por desconocido que nos resulte volver a empezar o reposar para siempre. Los atardeceres del séptimo día son los más difíciles, se va la luz del reposo que tanto nos calmo la consciencia. Debe de ser una atribución inconsciente.
En fin, acá estoy, lamentándome, de no haber pasado el día con la familia, pero es tan contradictoria la necesidad. No existen maquinas de tiempo que permitan poner en acción toda la teoría.
Ahora estoy haciendo teoría y me lamento. Como me lamente varias veces por la ausencia de lugares cotidianos después de su partida.
Ese miedo a la cesación ajena que nos deja vacíos, incompletos, que sabemos en cualquier momento nos va a llegar también, profundizando la añoranza.
Todos se van, y nuevamente aparece la culpa, no sé si llamarla culpa, pero esa sacudida de no haber estado ahí cuando tenía que estar, aunque no me correspondiera, porque estaba ocupada en hacer lo que la corporeidad mandaba, que no es lo mismo que aquello que me debería de mandar,si es que existe un manual para la culpa, si es que el deber realmente aparece como humanamente se interpreta.
La contradicción de permanecer es así, siempre sabe a nostalgia vencida.
Y acá estoy, escribiendo estas líneas con la misma impresión, sabiendo que el tiempo corre y que ningún momento vuelve y lamentándome, siendo Domingo, de haberme quedado en casa para descansar del ruido, para disfrutar de esta soledad que tanto me identifica, ¿Por que será que el Domingo siempre trae aparejada esa emoción? ¿Sera que el domingo es como la muerte? Se vive toda una vida los días de semana para descansar al final, sabiendo que mañana habrá un nuevo comienzo por mal que nos pese, por diferente que sea, por desconocido que nos resulte volver a empezar o reposar para siempre. Los atardeceres del séptimo día son los más difíciles, se va la luz del reposo que tanto nos calmo la consciencia. Debe de ser una atribución inconsciente.
En fin, acá estoy, lamentándome, de no haber pasado el día con la familia, pero es tan contradictoria la necesidad. No existen maquinas de tiempo que permitan poner en acción toda la teoría.
Ahora estoy haciendo teoría y me lamento. Como me lamente varias veces por la ausencia de lugares cotidianos después de su partida.
Ese miedo a la cesación ajena que nos deja vacíos, incompletos, que sabemos en cualquier momento nos va a llegar también, profundizando la añoranza.
Todos se van, y nuevamente aparece la culpa, no sé si llamarla culpa, pero esa sacudida de no haber estado ahí cuando tenía que estar, aunque no me correspondiera, porque estaba ocupada en hacer lo que la corporeidad mandaba, que no es lo mismo que aquello que me debería de mandar,si es que existe un manual para la culpa, si es que el deber realmente aparece como humanamente se interpreta.
La contradicción de permanecer es así, siempre sabe a nostalgia vencida.
(Todas las imágenes son sacadas de Internet).
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