miércoles, 11 de mayo de 2016


PALERMO Y EL SOL

Te escribo Camila porque siento ganas de hacerlo. Después  veo si te mando este escrito o no.
Te comento que estoy en el parque, sentado. No hace falta que te diga qué parque, seguramente  te lo imaginarás. Me estaba acordando de la vez aquella en que se nos acercó un perro, me acuerdo y me rio solo, la gente me está viendo, no deben entender nada. Nunca pude comprender  tu fobia a los caninos, son tan compañeros, tan lindos… ahora está lleno de ellos; hay uno marrón con blanco, de a ratos café con leche,  se me acerca cada tanto para que le de trozos de bizcocho, en cualquier momento me quedo sin y tendré que salir a comprar más para acompañar los mates.
    Me hace falta una compañera de mates, hablando de eso, “hablando”, escribiendo mejor dicho, bueno, vos entenderás… ninguna reunión con ningún amigo de ahora se asemeja  a las nuestras, con ninguno trato los temas que trataba con vos, fuiste una de las pocas que me dio confianza desde un primer momento. Para mí el secreto estaba escondido en el mate, me hacían tener una verborragia tremenda, siempre me decías que le ponías un ingrediente especial, no sé, te espiaba cuando lo preparabas  y no veía nada, ¡Cómo te gustaba hacerme enojar!
   Esperá, se me acaba de acercar un vendedor ambulante.

¡Listo! vendía alfajores, le dije que no.
¿Te acordás de los alfajores que comimos en Bahía? Pienso que nunca van a haber como esos.
    Estoy viendo a un grupo de chicos, hay algunas chicas también, están en ronda riéndose a carcajadas, son como unos siete u ocho, de entre diecisiete y veintitrés, ponele.
    Si estuvieses acá de seguro te diría, con toda esa filosofía que me caracterizaba cuando me fumaba uno de esos que vos me convidabas: ¿ves a esos pibes que están ahí? ¡Cuánta juventud! todos bien cambiaditos, sentados en ronda, ¿estarán hablando de la vida? A lo mejor de lo que van a hacer mañana, quizás se están preguntando cómo les fue en el parcial… tienen la cara de aquellos que no le temen al futuro,  me está dando una envidia…
¡Mirá ese que está fumando!  va por el cuarto pucho en menos de diez minutos, encendedor que viene de acá para allá, me parece que me voy a acercar, le voy a decir ¡Pibe, soltá esa mierda! ahora no te das cuenta pero de acá a unos años lo vas a lamentar. De seguro te me reirías, me dirías ¿Por qué los retás si vos fuiste igual? ¡Sos un caradura!

Cartagena, quién iba a pensar que te ibas a ir a Cartagena, quién diría que trabajando de moza ibas a ganar más que acá, mientras lo escribo pienso en lo que siempre me decías: algunos somos víctimas de las circunstancias. Hablando de víctima, ¡bah! hablando no, escribiendo, lo digo de nuevo, lo digo no ¡bah! Lo escribo, bueno seguís entendiendo, no sé porque siento la necesidad de justificarme cuando te escribo, debe ser por tu manía por corregirme cada error de gramática cuando hacíamos el curso de literatura.
Bueno, me acabo de olvidar lo que te iba a escribir, últimamente la memoria me está jugando malas pasadas.

   No sé por qué te imagino leyendo esto y gritándome a la distancia ¡Ernesto, tenés apenas 35 años! ¡Dejá de escribir como viejo! Pasa que últimamente me siento vencido, como un yogurt blandito, hasta pareciera que las canas se me ríen en la cara cada vez que me veo al espejo, por cierto, son muchas canas. Algunas son verdes de tanto que me hacen renegar. Estoy hablando del trabajo, la familia no, por suerte,  al menos por ahora.
  ¿Seguís saliendo con Flavio, el ingeniero ese de no sé qué que se hacía el PornoStart? Sí, ya sé que no, pero me resulta gracioso el hacerte recordar. ¡Qué tipo más pelotudo! Te mandaba fotos de su –cosa- para que le pusieras puntaje, ¡Hay que ser mamerto, la verdad!
En fin, acá ya se está yendo el sol, Palermo sin vos no es igual, no hace falta que te lo diga, ¡Y cómo se te extraña amiga! Mi querida compañera de andanzas… acá es otoño, no sé qué estación será allá, nunca fui bueno para las matemáticas del tiempo, los husos horarios y esas cosas que tantas veces te cansaste de explicarme en clases de Geografía.
  Se le acabó el agua al termo, el perro café con leche me comió el último bizcocho, el pibe aquel no para de fumar, por suerte ya se fueron los que me vieron reír solo.
Te mando un abrazo Camila.
No sé qué hago escribiendo una carta con tanta tecnología, ya te dije, estoy viejo. Ya veo si te adjunto una foto mía actual, te vas a llevar más de una sorpresa.
Te espero pronto por Argentina.
                                                                                             
                                                           Ernesto
             (Que no es Guevara, aunque la barba puede hacerte dudar).   



No hay comentarios:

Publicar un comentario

SIN FE DE ERRATAS Es larga obra la vida es teatro de larga data... Hoy prefiero no centrarme en detalles, crearme sin frenos ni fe de ...