sábado, 8 de noviembre de 2014

A la culpa siempre la tuvo “el chavo”, el árbitro o el medio.

Estamos acostumbrados a ver el lado malo de todo.
Estamos acostumbrados a un permanente blanco o negro.
La intolerancia se convirtió en deporte.
La critica poco constructiva en detonante.

Estamos acostumbrados a querer figurar, con comentarios que son más bien fugaces.
Lo importante siempre fue lo importante, siempre estuvo en primer lugar.
No nos olvidemos de los que se llenan los bolsillos pero tampoco de los que pagan las deudas.
No nos olvidemos de las causas encajonadas en más de un tribunal.
Estamos acostumbrados a pagar los platos rotos, a que todo siempre vaya mal,
pero nunca los extremos fueron buenos, no nos dejemos manipular.
A la culpa siempre la tuvo “el chavo”, el árbitro o el medio.
Siempre la tuvo el otro, porque nos encanta tercerizar.
No es fácil complacer a todos por igual, eso es un hecho evidente.


Hay que ser objetivos, aunque la objetividad no exista.
En este campo de guerra, ¿Cómo ser imparcial?.
Es una contradicción permanente,
Y son dos puntos equidistantes política y sociedad,
economía y bienestar.

Tientan a controlar nuestro pensamiento,
no es altruista quien más en contra está.

Hay una realidad indiscutible que necesita sanar,
pero a los enfrentamientos ciegos fanáticos no hay que darles lugar.
Porque no es ignorante quien intenta practicar la militancia de la objetiva  neutralidad. 















(Todas las imágenes son sacadas de Internet).

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