martes, 8 de noviembre de 2016

TERMINAR EN PARÍS

Usamos con el otro la técnica de la silla vacía
lo hacemos en el pensamiento
percibimos que esa silla no es de madera
mucho peor para la ansiedad, es de tiempo.
Peor que no contar con la presencia que nos sostiene por obligación
peor que insistir complicidad cuando las cosas no están fluyendo
peor que suprimir información para no fallar,
peor que limitarse a eliminar evidencias por si se nos echa a perder el plan.

El miedo arde en el pecho con tintes de vulnerabilidad
las mascaras que nos ponemos se están cayendo.
No podemos imaginarnos en una silla literal,
hablando mas allá de la superficialidad
cara a cara a los fantasmas de siempre
y eso asusta más que el miedo.

No contamos con la capacidad de ver detrás del disfraz,
no podemos descifrar por qué nos escondemos
por qué nos maquillamos de heridas
por qué regateamos los sueños.

Ponemos resistencia cuando las diferencias aprietan
y los recelos empiezan a desnudar la conciencia desfachatada de encierros.

Todos los caminos conducen a Roma porque nos da miedo terminar en París.
Vamos más a las ruinas que al amor,
más a las raíces que al sentimiento
más a la historia que a la fragancia,
más al análisis que al desvelo. 














(Todas las imágenes son sacadas de Internet).

SIN FE DE ERRATAS Es larga obra la vida es teatro de larga data... Hoy prefiero no centrarme en detalles, crearme sin frenos ni fe de ...