domingo, 18 de enero de 2015

LA RELIGIÓN DEL AMOR



Levanto mis catedrales, pinto las paredes con mis propios personajes.
La religión del amor.

Me entrego a ese “algo” que me hace ser cada vez más fuerte, que no me permite bajar los brazos. Las culpas y los malos tratos no forman parte de mi religión. 
Me entrego a la filosofía de que hay una justicia omnipotente que maneja los hilos. Un carácter omnipresente que busca el equilibrio entre mi voluntad y la tuya.  Podes llamarlo Dios, Universo, Energía, la mía es simplemente la religión del amor.
Levanto mis monumentos (que no tienen cara), sólo la de los hombres mismos, sólo las de la gracia. Mi bautizo es andar las calles de la experiencia, llenar con bondad todo lo que echo en falta. Me entrego al pensamiento del milagro, que no es más que el mérito humano al entrar en acción, porque a pesar de lo solidario nadie te regala nada. 
Elevar un rezo es mi inspiración. El receptáculo que acumula la oración no es más que uno mismo aceptando los miedos, mandando una señal de vulnerabilidad al inconsciente colectivo. Descanso en la reflexión de la religión del amor. La mía no hace diferencia de géneros, la mía no castiga si existe la verdadera redención. Todos somos uno sin dejar de ser individuos en el misticismo del afecto. 
Construyo mis ideales aceptando la moral de la liberación, leyes que no están escritas en ningún libro. No hago lo que no me gusta que me hagan, admito cuando cometo un error.
No acepto más de lo que los años no conocen, no sigo una regla que me ate a una idea, sólo la de la religión del amor. 
Y es permanecer vigente mi propia meditación, es no ser indulgente en la tercerización. A las limitaciones las pone el hombre, no mi religión, y el diablo no es más que el que cobra entrada al infierno, un gran marketinero  de su propia devoción. 
(Todas las imágenes son sacadas de Internet).

domingo, 4 de enero de 2015

TEMPLOS

Se sale con paz luego de entrar al experimentar la gracia de la buena disposición.
La gracia de la buena práctica.
Son templos de piedad, aunque tras las puertas sea diferente,
aunque detrás de la magia haya otros intereses.
El asombro del regocijo del amor.

Un manantial que lava culpas,
edificios que en pocas horas pueden curar todas las disputas.
Ceremonias ritualizadas.
“La paz sea contigo” y así será,
no importa el lugar ni la religión,
no importa la cultura o el nombre de los personajes,
no importa la historia.
Es el acto de entrega,
la energía voluntaria,
un momento dedicado y apartado a la sanación.

El aire percibe la buena intención
y así pasan los años cubriendo las paredes de un arte que te va a hacer sentir mejor.
No es tanto la creencia,
no es tanto el protocolo,
no es tanta la erudición,
es la disposición,
de hacer de un espacio físico algo sagrado,
algo mejor a las calles,
algo mejor a lo cotidiano,
algo que tome la arrogancia para calmar la mente sobrecargada.

Como el pájaro que guía a la bandada
o el elefante a la manada.
Como el rocío de la flor por la mañana.

La energía que levanta catedrales
un silencio esperanzador,
El manto de piedad que sosiega en la reverencia de un error.
La sensación distinguida al cruzar una puerta.
La disposición de rendir culto sea cual sea la idea.

Espacios físicos de calma,
paredes que absorben la veneración.
Una voluntad que no entiende de divisiones.
Lo sagrado convertido en construcción.  















(Todas las imágenes son sacadas de Internet). 

SIN FE DE ERRATAS Es larga obra la vida es teatro de larga data... Hoy prefiero no centrarme en detalles, crearme sin frenos ni fe de ...